Liverpool vivió otra noche de alta tensión en Anfield y selló su inicio en la fase de grupos con una victoria agónica 3-2 ante el Atlético de Madrid. El duelo, que parecía controlado por los ingleses en los minutos iniciales, se transformó en un ejercicio de resistencia mental y carácter tras la remontada visitante; sólo en el minuto 92 Virgil van Dijk, con un cabezazo de área, resolvió un partido que ya había ofrecido fases muy distintas de dominio y sufrimiento.
Primera parte y planificación táctica: Liverpool golpeó pronto. En apenas seis minutos, los ‘Reds’ capitalizaron las bandas y la movilidad interior para fabricar dos goles tempranos que desconcertaron a un Atlético que, por momentos, pareció desdibujado en la presión y en la coordinación defensiva. Arne Slot presentó un once con presencia de jugadores veloces en transición y presión alta en zona rival —un plan que rindió frutos a partir de la voracidad en la salida de balón, la implicación de los laterales y la influencia de Mohamed Salah en zona de tres cuartos. Por su parte, Diego Simeone leyó el plan y ajustó el repliegue: su equipo ganó metros, apostó por contragolpes directos y explotar la segunda jugada, recursos que terminaron por equilibrar el choque.
Remontada y variables decisivas: Atlético no tardó en meterse en partido gracias a la reacción de jugadores con experiencia en competiciones grandes; Marcos Llorente resultó decisivo con dos tantos que igualaron el encuentro y obligaron a Liverpool a recuperar temple. En esa fase, el bloque rojiblanco neutralizó la progresión de los laterales y ganó presencia en el área rival tras sendos centros y segundas jugadas. Aun así, Liverpool acumuló más ocasiones (20 remates totales en el registro final) y su insistencia en la generación de centros y acciones a balón parado resultó finalmente definitoria: el cabezazo de Van Dijk desde un córner en el tiempo de descuento destapó la euforia de Anfield y certificó tres puntos de oro.
Lectura deportiva y consecuencias: Más allá del dramatismo, el partido arroja lecturas tácticas para ambos equipos. Liverpool confirma su capacidad de resiliencia y su amenaza en fases estacionarias (balón parado), aunque también deja dudas sobre la gestión de ventajas tempranas. Atlético, por su parte, exhibió recuperación mental y eficacia en acciones de contragolpe y a balón parado, pero seguirá cuestionándose la fragilidad mostrada en situaciones de salida de balón. Para la fase de grupos, el triunfo es vital: coloca a Liverpool en una posición de ventaja moral y competitiva, mientras que Atlético deberá recomponer solvencia defensiva si quiere pelear por clasificarse.
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