
Crédito de imagen: Barron’s / AFP
En una decisión histórica y sin precedentes, LaLiga anunció el lunes 21 de octubre de 2025 la cancelación oficial del partido Villarreal-Barcelona que estaba programado para disputarse en Miami. La medida llega tras días de intensas protestas, presión sindical de los futbolistas y un escándalo mediático que expuso las profundas divisiones dentro del fútbol español respecto a la internacionalización de la competición doméstica.
Javier Tebas, presidente de LaLiga, confirmó en un comunicado oficial que la decisión responde a «la incertidumbre surgida en España» y a la imposibilidad de garantizar las condiciones óptimas para disputar el encuentro. La promotora estadounidense que había invertido millones en la organización del evento se echó atrás tras evaluar el clima de rechazo generalizado y las amenazas de boicot por parte de jugadores y aficionados.
La polémica estalló cuando LaLiga confirmó que el partido de la jornada correspondiente se trasladaría a territorio estadounidense como parte de su estrategia de expansión internacional. La reacción fue inmediata: la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) denunció que la medida incumplía el convenio colectivo, mientras que capitanes de múltiples equipos anunciaron protestas coordinadas durante sus respectivos partidos de la jornada.
Las imágenes de futbolistas deteniendo encuentros durante varios minutos para protestar con pancartas y gestos simbólicos recorrieron el mundo, exponiendo una crisis de legitimidad sin precedentes en LaLiga. El presidente del FC Barcelona, Joan Laporta, respaldó públicamente el traslado argumentando beneficios económicos, pero su postura fue duramente criticada por aficiones rivales y medios especializados.
Thibaut Courtois, portero del Real Madrid, fue especialmente contundente al calificar la decisión como una «adulteración de la competición» que beneficiaba intereses comerciales por encima de la integridad deportiva. Sus declaraciones encendieron el debate sobre hasta dónde puede llegar la mercantilización del fútbol sin traicionar su esencia competitiva y el respeto a los aficionados locales.
La UEFA, que inicialmente había dado luz verde al proyecto con reservas, guardó silencio ante la escalada del conflicto, dejando a LaLiga aislada en su defensa de un modelo que pretendía emular a la NFL estadounidense con partidos internacionales regulares. Los seis millones de euros prometidos a cada club participante resultaron insuficientes para silenciar las voces críticas.
La cancelación representa un revés monumental para los planes de internacionalización de Tebas, quien había invertido años negociando permisos y acuerdos para hacer realidad este sueño. Los medios especializados califican el episodio como «la mayor crisis institucional de LaLiga en décadas», con consecuencias que podrían afectar futuros proyectos de expansión.
El partido Villarreal-Barcelona se disputará finalmente en el estadio de La Cerámica según el calendario original, pero el daño reputacional para LaLiga es incalculable. La guerra sin precedentes evidencia la fractura entre dirigentes que priorizan negocios globales y una masa futbolística que defiende tradiciones y derechos laborales.