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Mientras los focos mediáticos y las portadas se centran casi exclusivamente en el pulso titánico entre el Real Madrid y el FC Barcelona, una competición paralela, cargada de igual o mayor dramatismo, se libra cada fin de semana en los campos de España. Es «La Otra Liga», la encarnizada batalla por la cuarta plaza, el último billete dorado que da acceso a la élite del fútbol europeo: la UEFA Champions League. Este no es solo un premio deportivo; es un grial económico que puede definir el proyecto de un club para los próximos años, permitiendo atraer a mejores jugadores, retener el talento y gozar de una estabilidad presupuestaria inalcanzable para el resto. Esta temporada, la lucha se presenta más abierta y apasionante que nunca, con proyectos consolidados y filosofías contrapuestas que prometen un combate sin cuartel hasta la última jornada.
En la pole position de esta carrera se encuentra el Athletic Club de Bilbao. Bajo la experimentada dirección de Ernesto Valverde, el equipo rojiblanco ha perfeccionado un modelo que es la envidia de muchos. Su presión asfixiante, su ritmo vertiginoso y la verticalidad de sus ataques, personificada en la dupla letal de los hermanos Williams, convierten a San Mamés en una caldera inexpugnable. El Athletic es un equipo con una identidad innegociable, forjada en su singular filosofía de cantera. No dependen de un mercado de fichajes volátil; su fuerza emana de Lezama y del sentimiento de pertenencia de sus jugadores. La conquista de la Copa del Rey la temporada pasada les liberó de una presión histórica y les ha dado la confianza para creer que el siguiente paso, el regreso a la Champions, es más que un sueño. Su gran reto será mantener la regularidad, especialmente fuera de casa, y gestionar una plantilla que, aunque competitiva, puede ser más corta que la de sus rivales directos.
Como contraparte y vecino, la Real Sociedad presenta un modelo antagónico pero igualmente exitoso. El proyecto liderado por Imanol Alguacil es un canto al fútbol de autor, basado en el buen trato del balón, la paciencia en la elaboración y un talento joven que florece bajo su tutela. La Real no solo produce excelentes jugadores en Zubieta, como Mikel Oyarzabal o Martín Zubimendi, sino que ha demostrado una increíble pericia en el mercado para captar talento extranjero que se adapta a la perfección a su estilo, como Takefusa Kubo. Su fútbol, más preciosista y combinativo, les ha consolidado en la élite de La Liga, pero a menudo han pagado caro un cierto déficit de contundencia en las áreas. Superar esa barrera y convertir su dominio en los partidos en victorias más holgadas es la clave para que su proyecto dé el salto definitivo y la música de la Champions vuelva a sonar con asiduidad en el Reale Arena.
Pero esta lucha no es cosa de dos. El Villarreal CF, un club con un ADN europeo innegable, siempre es un contendiente a tener en cuenta. A pesar de sus altibajos, el ‘Submarino Amarillo’ tiene la experiencia y la calidad individual para encadenar rachas de victorias que le metan de lleno en la pelea. Su capacidad para reinventarse tras la salida de jugadores importantes y su colmillo competitivo en las grandes citas les convierten en un rival temible. Junto a ellos, el Real Betis busca dar un paso más. Con una de las aficiones más pasionales del país y el liderazgo de un Manuel Pellegrini que es garantía de competitividad, el conjunto verdiblanco sueña con asaltar los puestos de privilegio. La magia de jugadores como Isco Alarcón y la solidez del bloque son sus principales argumentos. Para ellos, el desafío es encontrar una consistencia defensiva que les permita no dejarse puntos inesperados en el camino. Esta «Otra Liga» es una guerra de desgaste, un maratón de 38 jornadas donde la gestión de las plantillas, la fortaleza mental y los duelos directos dictarán sentencia.
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