by elpais.com
Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que La Liga era el destino final, el paraíso donde las mayores estrellas del fútbol mundial querían jugar. Los Balones de Oro residían en España, y los clubes ingleses, a pesar de su poderío económico, miraban con envidia la calidad técnica y el dominio continental de los equipos españoles. Ese paradigma ha cambiado de forma radical. En la actualidad, el campeonato español se enfrenta a una preocupante y cada vez más acentuada fuga de talento, convirtiéndose peligrosamente en una «liga puente»: un escaparate de lujo donde los jugadores explotan para, inevitablemente, dar el salto a la superpotencia económica que es la Premier League. La crisis financiera que afecta a la mayoría de los clubes (con la notable excepción del Real Madrid) y las estrictas normas de control económico han creado una brecha casi insalvable.
El músculo financiero de la liga inglesa es, sencillamente, de otra dimensión. Los ingresos por derechos de televisión de la Premier League multiplican los de La Liga, permitiendo que un equipo de media tabla inglés tenga un presupuesto para fichajes superior al de la mayoría de los clubes españoles que compiten en Europa. Este desequilibrio económico se traduce en una capacidad abrumadora para tentar a cualquier jugador. Ya no se trata solo de que puedan fichar a las estrellas consagradas; ahora también vienen a por los proyectos de futuro. Jóvenes talentos que apenas han despuntado en España reciben ofertas salariales que sus clubes de origen no pueden ni soñar con igualar. Casos como el de Gabri Veiga, que optó por la liga saudí pero con ofertas mareantes de Inglaterra, o el interés constante de clubes como el Chelsea, Liverpool o Newcastle por perlas como Nico Williams o Alexander Isak (quien ya dio el salto), son la prueba palpable de esta tendencia.
Esta situación genera un círculo vicioso dramático para los clubes españoles. Se ven obligados a vender a sus mejores activos no como una decisión deportiva, sino como una necesidad para cuadrar las cuentas y poder reinvertir una pequeña parte de lo ingresado. Esto debilita el nivel competitivo general de La Liga, haciendo cada vez más difícil retener a las estrellas y competir en Europa más allá de los dos o tres equipos de siempre. El estricto ‘Fair Play’ financiero de La Liga, aunque necesario para garantizar la sostenibilidad de los clubes, ha sido criticado por su rigidez en comparación con las normativas más laxas de otras competiciones, lo que acentúa esta desventaja competitiva. Mientras que en Inglaterra los clubes pueden permitirse grandes desembolsos respaldados por sus propietarios, en España la norma general es vender para poder comprar. La Liga sigue siendo una de las competiciones más talentosas del mundo en cuanto a la calidad de sus futbolistas y entrenadores, pero corre el serio riesgo de convertirse en una cantera de lujo para una Premier League que actúa como un depredador insaciable en el mercado global.
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