CRÉDITOS DE LA IMAGEN: Créditos: PSG Talk
Cuando el Real Madrid fichó a Kylian Mbappé el verano pasado, todos daban por hecho que la Liga y la Champions estaban prácticamente ganadas. El francés llegaba libre desde el PSG después de años de cortejo, y la expectación era máxima. Pero casi cuatro meses después de su llegada, las cosas no están saliendo como se esperaba. Mbappé todavía no ha encontrado su sitio en el esquema madridista, y en el club empiezan a aparecer las primeras señales de preocupación.
No es que Kylian esté jugando mal. Ha marcado goles importantes, ha tenido destellos de su calidad y nadie duda de que es un futbolista excepcional. El problema es que no termina de encajar en el sistema del Madrid, y eso está generando problemas colectivos. El equipo no fluye como antes, los mecanismos ofensivos se atascan y, en general, hay una sensación de que algo no funciona del todo bien.
Una de las claves está en la posición. Mbappé en el PSG jugaba como extremo izquierdo con libertad total para moverse, atacar espacios y asociarse. En el Madrid, con Vinicius Jr ocupando ese carril, le han colocado más arriba, casi como delantero centro. Y ahí es donde surgen los problemas: no es su posición natural, no se siente cómodo de espaldas a la portería y echa de menos ese desequilibrio que generaba arrancando desde la banda.
Los datos no mienten: el Real Madrid está en uno de sus peores momentos de los últimos años. Dos empates seguidos contra rivales teóricamente inferiores han encendido las alarmas. Y aunque sería injusto culpar solo a Mbappé, su presencia ha alterado el equilibrio del equipo. Jugadores como Bellingham o Rodrygo han visto reducido su protagonismo, y eso se nota en el rendimiento colectivo.
Lo curioso es que este tipo de problemas de adaptación no son nuevos en los fichajes galácticos del Madrid. Recuerden a Kaká, a Hazard o al propio Bale en sus primeros meses: todos necesitaron tiempo para entender el funcionamiento del equipo y encontrar su sitio. La diferencia es que con Mbappé las expectativas eran tan altas que cualquier bajón se magnifica.
Ancelotti, el técnico madridista, ha salido en defensa de su jugador en varias ocasiones. Habla de proceso, de adaptación, de que el talento está ahí y solo es cuestión de tiempo. Pero Carlo también sabe que el tiempo en el Real Madrid es limitado. Los resultados no acompañan, la prensa empieza a meter presión y los aficionados, aunque todavía pacientes, esperan ver pronto al Mbappé que enamoró a toda Europa.
Otro factor que no ayuda es el perfil público de Kylian. Siempre ha sido un futbolista mediático, muy activo en redes sociales y con una imagen cuidadísima. En el PSG era la gran estrella indiscutible, el centro de todo el proyecto. En el Madrid, en cambio, es uno más en una plantilla repleta de figuras. Compartir protagonismo no es fácil cuando estás acostumbrado a tenerlo todo.
La solución probablemente pase por encontrar un sistema que potencie tanto a Mbappé como a Vinicius. Ambos son demasiado buenos como para que uno tenga que sacrificarse por el otro. Quizá con un 4-4-2 en diamante, quizá con más libertad para ambos en un 4-3-3 muy ofensivo, o quizá simplemente necesitan más partidos juntos para entenderse mejor.
Lo que está claro es que esto no puede alargarse mucho más. El Real Madrid aspira a ganar LaLiga y la Champions, y para eso necesita a Mbappé rindiendo al 100%. No al 60% o 70%, sino explotando todo su potencial. Porque cuando Kylian está en su mejor nivel, es prácticamente imparable: velocidad, definición, regate, inteligencia táctica… tiene todo lo necesario.
Los próximos partidos serán cruciales. El Madrid se juega mucho, Mbappé también, y Ancelotti sabe que tiene que encontrar respuestas rápido. El talento está ahí, el equipo también. Solo falta que las piezas encajen. Y cuando lo hagan, el fútbol europeo temblará.