Bayern Múnich arrancó la fase de grupos con solvencia y eficacia: 3-1 sobre Chelsea en el Allianz Arena. La crónica del encuentro describe a un equipo bávaro que supo castigar los errores rivales y aprovechar la jerarquía de su delantero referencia. Un autogol tempranero de Trevoh Chalobah dejó a Chelsea en desventaja, Harry Kane transformó un penal para ampliar la ventaja y firmó un doblete que resultó decisivo a pesar del tanto intermedio de Cole Palmer que devolvió esperanza a los visitantes.
Plan de partido y control del tempo: Bayern buscó explotar las bandas y la capacidad de mantener la posesión en campo contrario; su control del juego combinó la velocidad de las transiciones con una presión alta que desordenó las salidas de Chelsea. El gol en propia puerta (provocado por la presión y un mal despeje) fue un mazazo para el conjunto inglés, que trató de recomponerse con salidas verticales y movilidad de sus extremos. Kane, con su oportunismo en el área y su lectura de los espacios, encontró el penal que selló momentáneamente el dominio local. La segunda mitad confirmó la superioridad física y el oficio del Bayern para gestionar ventajas ante un Chelsea que pagó caro los desajustes defensivos.
Implicaciones: Más allá del marcador, el partido revela que Bayern mantiene una columna vertebral competitiva en contextos europeos: oficio, soluciones a balón parado y capacidad para cerrar partidos. Para Chelsea, la derrota evidencia faltas todavía por pulir, principalmente en las transiciones defensivas y el posicionamiento ante equipos que presionan en bloque alto. Estadísticamente, el dominio local se reflejó en números de remates, control territorial y eficacia en el área, pilares que suelen terminar decidiendo eliminatorias largas como la Champions.
Fuentes:
Reuters; The Guardian; ESPN; Sky Sports.