Créditos: BioBioChile – Brasil tras la dolorosa derrota ante Marruecos
El fútbol mundial quedó conmocionado este 1 de octubre de 2025 cuando Brasil, la potencia sudamericana que ostenta cinco títulos mundiales absolutos, sufrió una de las derrotas más humillantes de su historia juvenil al caer 2-1 ante Marruecos en el Mundial Sub-20 de Chile. El resultado no solo compromete gravemente las opciones de clasificación de la Canarinha, sino que representa un terremoto futbolístico que cuestiona los cimientos del desarrollo juvenil brasileño.
La derrota llegó de la manera más cruel posible, con un Marruecos que demostró un fútbol vistoso, organizado y tremendamente efectivo ante una Brasil desconocida, sin ideas y completamente superada tácticamente. Othmane Maamma abrió el marcador en el minuto 52 con una espectacular pirueta que dejó helados a los defensores brasileños, mientras que Yassir Zabiri sentenció el encuentro en el 78 con un disparo que se coló por la escuadra izquierda de un portero que nada pudo hacer.
«Es la derrota más dolorosa que he vivido en mi carrera», confesó Ramón Menezes, seleccionador brasileño, con lágrimas en los ojos durante la rueda de prensa posterior. «Preparamos este torneo durante dos años y ver cómo se desmorona todo en 90 minutos es devastador». Las palabras del técnico reflejaban el sentimiento general de una delegación brasileña que había llegado a Chile como una de las favoritas absolutas al título.
El análisis táctico del encuentro revela las dimensiones del desastre brasileño. Marruecos, dirigido magistralmente por Hicham Dguig, desplegó un 4-2-3-1 que neutralizó completamente el tradicional jogo bonito brasileño. «Los marroquíes corrieron 3.2 kilómetros más que nosotros como equipo», reveló el preparador físico de Brasil. «En intensidad, presión y hambre de triunfo nos superaron en todos los aspectos».
La estadística más demoledora del encuentro fue la posesión del balón: Brasil, acostumbrada a dominar este aspecto, apenas controló el 43% del juego. Marruecos, con una propuesta valiente y desprejuiciada, se adueñó del centro del campo y creó las ocasiones más claras del partido. «Nunca había visto a una Brasil tan perdida tácticamente», comentó un corresponsal de ESPN que cubre Mundiales juveniles desde hace 15 años.
El único gol brasileño llegó por intermedio de Gabriel Moscardo en el minuto 69, cuando el partido ya estaba prácticamente sentenciado. La reacción tardía de la Canarinha evidenció problemas estructurales profundos que van más allá de lo futbolístico. «Parecía que estaban jugando sin un plan definido», analizó Juninho Pernambucano, ex jugador y comentarista deportivo.
La prensa brasileña no tardó en señalar responsabilidades. «Vergüenza nacional», tituló O Globo en su portada digital. «Brasil Sub-20: de favorita a fracaso», sentenció Folha de S.Paulo. «¿Dónde está el futuro del fútbol brasileño?», se preguntaba Estado de S.Paulo en un editorial que cuestionaba todo el sistema de formación nacional.
Las repercusiones del resultado trascienden lo deportivo. La Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) convocó una reunión de emergencia para analizar la situación. «No podemos permitir que esto se repita», declaró un directivo de la entidad. «Revisaremos todo el programa de desarrollo juvenil desde sus bases». La presión sobre Ramón Menezes se intensificó considerablemente.
Los jugadores brasileños abandonaron el campo visiblemente afectados. Varios de ellos, considerados promesas del fútbol mundial, fueron consolados por miembros del cuerpo técnico. «Estos chicos tenían el mundo a sus pies y ahora se enfrentan a la posibilidad de quedar eliminados en primera ronda», observó un periodista brasileño presente en Santiago.
Marruecos, por el contrario, celebró como si hubieran ganado la final del torneo. «Hemos demostrado que el fútbol africano puede competir con cualquiera», declaró eufórico Hicham Dguig. «Mis jugadores han sido guerreros, han luchado cada balón como si fuera el último de sus vidas». La alegría marroquí contrastaba dolorosamente con la tristeza brasileña.
El matemático panorama de clasificación para Brasil se ha complicado dramáticamente. Con solo un punto en dos partidos, la Canarinha debe ganar obligatoriamente su último encuentro ante España y esperar otros resultados favorables. «Estamos contra las cuerdas», admitió el capitán brasileño. «Pero mientras tengamos opciones matemáticas, lucharemos».
La derrota ante Marruecos se suma a la ya preocupante tendencia de declive del fútbol juvenil brasileño en torneos internacionales. En los últimos tres Mundiales Sub-20, Brasil no ha pasado de cuartos de final, una estadística alarmante para un país que históricamente dominaba estas competiciones.
Fuente: