by ecuavisa.com
Más allá del contundente triunfo del Real Madrid, la Jornada 6 ha estado marcada por una serie de empates que revelan una faceta crucial de la actual liga española: la resiliencia y la creciente competitividad de los equipos de menor presupuesto. Estos resultados desafían la narrativa de una liga polarizada y demuestran que las victorias no son un trámite, incluso para los llamados «grandes».[3]
El partido entre el **Celta y el Betis**, que finalizó 1-1, es un claro ejemplo de esta dinámica. El Betis se adelantó en el marcador con un gol de Bartra al filo del descanso, pero el Celta, lejos de venirse abajo, se transformó en la segunda mitad. El equipo gallego dominó por completo el juego, igualó el marcador gracias a una volea de Hugo Álvarez y generó múltiples oportunidades que solo la solidez defensiva andaluza, y una gran actuación del portero Álvaro Valles, pudieron contener.[3] Este empate es un reflejo de la capacidad del Celta para reaccionar y de la tenacidad del Betis para asegurar un punto valioso en un partido donde fue superado.
Por su parte, el **Espanyol y el Valencia** ofrecieron un vibrante 2-2 en un encuentro de alta intensidad. El Valencia se puso en ventaja dos veces, primero con un gol de Arnaut Danjuma y luego con uno de Hugo Duro. No obstante, el Espanyol, invicto en casa, demostró una inagotable capacidad de lucha y consiguió empatar el partido con un tanto de Leandro Cabrera y, en el último suspiro, un gol agónico de Javi Puado en el minuto 94 que le arrebató los tres puntos al Valencia.[3]
El **Athletic Club** también se vio sorprendido en San Mamés al empatar 1-1 frente al **Girona**, equipo que se encontraba en la última posición de la tabla.[3] El Girona se adelantó en el minuto 8 con un gol de Azz-Eddine Ounahi, poniendo en evidencia las dificultades del Athletic para arrancar tras el parón por selecciones. Pese a que el entrenador Ernesto Valverde hizo cambios significativos en el descanso, el equipo solo pudo conseguir el empate gracias a un gol de Mikel Jauregizar. El portero del Girona, Paulo Gazzaniga, fue una pieza clave, con paradas decisivas que permitieron a su equipo robar un punto que sabe a victoria.[3] Este resultado subraya cómo la competitividad de los equipos de la zona baja, incluso en sus peores momentos, puede alterar la carrera por los puestos europeos, haciendo que la lucha sea mucho más apretada y menos predecible.
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