Créditos: FC Barcelona
El 19 de noviembre de 2005 no fue un Clásico cualquiera. Aquel día, en el Santiago Bernabéu, algo extraordinario sucedió: la afición del Real Madrid se puso de pie para ovacionar a un jugador rival. Ese jugador era Ronaldinho Gaúcho, quien acababa de firmar una actuación para enmarcar que dejó boquiabiertos hasta a los más acérrimos madridistas.
Veinte años después, el brasileño recordó ese momento con una publicación en redes sociales que desató la nostalgia de millones de aficionados. «Hoy se cumplen 20 años de aquel partido tan especial e inolvidable para mí. Atesoro este momento muchísimo, ¡nunca imaginé que me ovacionarían dentro del Santiago Bernabéu!», escribió Dinho, acompañando el mensaje con imágenes de aquella noche mágica.
El Barcelona ganó 0-3 al Real Madrid en su casa, y Ronaldinho fue el autor de los dos últimos goles. Pero no fueron goles cualquiera. El segundo, en particular, dejó sin palabras a propios y extraños. Tras recibir un balón en la frontal del área, controló con una elegancia única, se sacó de encima a dos defensores con un par de amagues imposibles y definió con una precisión quirúrgica. El Bernabéu, que ya estaba resignado a la derrota, estalló en aplausos.
Es rarísimo que un estadio aplauda al rival en pleno partido. Pero lo que hizo Ronaldinho ese día trascendió los colores y las rivalidades. Fue un reconocimiento puro al talento, una rendición absoluta ante lo que estaban presenciando. Incluso los comentaristas quedaron mudos durante unos segundos, incapaces de procesar lo que acababan de ver.
Aquel Ronaldinho estaba en su mejor momento. Venía de ganar el Balón de Oro y era considerado el mejor jugador del mundo. Su fútbol era una mezcla de magia, alegría y descaro que hacía que hasta los más serios se rindieran ante él. No solo dominaba el balón con una facilidad pasmosa, sino que disfrutaba haciéndolo, y esa actitud contagiaba a todo el que lo veía jugar.
El Clásico de 2005 quedó marcado como uno de los mejores de la historia, no solo por el resultado, sino por cómo se desarrolló. El Barcelona jugó un fútbol brillante, con Frank Rijkaard en el banquillo y un equipo que incluía a figuras como Eto’o, Deco y Puyol. Pero la estrella indiscutible fue Ronaldinho, quien se ganó a pulso el respeto de la afición rival.
Dos décadas después, ese momento sigue siendo referencia obligada cuando se habla de fair play, de grandeza deportiva y de lo que significa ser un auténtico crack. Ronaldinho dejó una huella imborrable en el fútbol mundial, y aquella ovación en el Bernabéu es el mejor testimonio de hasta dónde llegó su talento. Porque cuando hasta tus rivales te aplauden de pie, es que has alcanzado la cima.
Fuente: marca.com/futbol