CRÉDITOS DE LA IMAGEN: Ancelotti-Vinicius - Getty/GOAL
Carlo Ancelotti está moviendo las piezas en la selección brasileña, y su primera gran apuesta táctica tiene un nombre propio: Vinicius Junior. El italiano, que asumió el cargo de seleccionador de Brasil hace pocas semanas, ha convencido al crack del Real Madrid para que cambie su posición habitual y asuma un rol más central en el ataque de la Canarinha. Y lo más importante: Vini ha aceptado el reto con una sonrisa.
Durante años hemos visto a Vinicius brillar como extremo izquierdo, esa posición en la que arranca desde la banda, encara uno contra uno y deja rivales sentados con su explosividad. Es lo que hace semana tras semana en el Real Madrid, donde es prácticamente intocable. Pero Ancelotti, que lo conoce mejor que nadie después de entrenarle en el club blanco, cree que puede dar aún más jugando más cerca del área rival, en una posición de falso nueve o delantero móvil.
La idea no es descabellada. Con el físico que tiene Vini, su velocidad de reacción y esa capacidad para definir en espacios reducidos, podría ser devastador jugando entre los centrales rivales. Además, le daría más libertad para aparecer por sorpresa, algo que complica muchísimo las marcas. No es moverse de extremo a lateral, es evolucionar de amenaza constante a peligro letal.
Lo interesante es la actitud de Vinicius ante el cambio. En declaraciones recientes, el brasileño habló con una madurez sorprendente sobre su responsabilidad con la selección. «Quiero devolver la felicidad al pueblo brasileño», dijo. Y no es una frase vacía. Brasil lleva años sin conquistar un título importante, y la presión sobre esta generación es enorme. Vini lo sabe, y está dispuesto a salir de su zona de confort si eso ayuda al equipo.
Ancelotti, por su parte, está construyendo algo distinto en Brasil. Habla de «evolución», de recuperar esa alegría que siempre caracterizó al fútbol brasileño pero sin perder solidez táctica. Y para eso necesita que sus mejores jugadores sean versátiles, que puedan adaptarse a diferentes situaciones en un partido. Vinicius, con su talento y ahora con esta predisposición, se perfila como la pieza clave de ese proyecto.
Lo que hace aún más especial esta historia es la relación entre técnico y jugador. Ancelotti no es un entrenador cualquiera para Vini; es el hombre que le dio confianza cuando muchos dudaban de él en el Madrid, el que lo hizo crecer como futbolista y como persona. Esa confianza mutua es el cimiento de este experimento táctico. Si Carletto te dice que vas a brillar en una nueva posición, simplemente le crees.
Claro que no todo será sencillo. Vinicius tendrá que aprender a jugar con menos espacio, a moverse sin balón de manera diferente, a ser más contundente en el área. Son detalles que se trabajan, pero que requieren tiempo y paciencia. La buena noticia es que tiene al mejor profesor posible, un tipo que ha ganado todo lo que hay por ganar en el fútbol.
Los aficionados brasileños están expectantes. Ver a su gran estrella en una posición nueva genera dudas, pero también ilusión. Al fin y al cabo, Brasil siempre se ha caracterizado por inventar, por probar cosas diferentes. Y si funciona, estaremos ante una de esas jugadas maestras que cambian el rumbo de una selección.
Lo que está claro es que Vinicius está en su mejor momento. Con 24 años, está en la cúspide de su carrera, acumulando títulos en el Madrid y peleando por ser considerado el mejor jugador del mundo. Si a eso le sumas este salto de calidad en la selección, el futuro se presenta brillante. Brasil tiene estrella para rato, y ahora también tiene un plan para hacerla brillar aún más.